Amaneció soleado, era una mañana de octubre, mientras sacaba a Tyger, a su caminata matutina, acababa de salir y justo al lado de mi casa, me encontré con una querida amiga, hace tiempo que no la veía, se había mudado de calle, aunque conservaba su casa, y hacia visitas frecuentes. Al saludarla, luego de la primera impresión, me dice que tiene cáncer de seno, me lo dijo super directo y sin titubeos, me quede sumamente sorprendida e impactada, no lo podía creer, muchas cosas pasaron por mi cabeza en segundos, ella más joven que yo, saludable, vegana, super delgada, no, no lo estaba esperando y mucho menos en estos momentos en que otra amiga batallaba fuertemente contra algo similar.
Fue en ese momento en que recordé que mi última mamografía había sido hace ya mas de un año, aun teniendo la indicación médica, con el corazón latiendo fuertemente, no se porque estaba tan asustada, rápidamente llamé y me pusieron la cita para el 20 de octubre. Ese día todo fluyo con normalidad, la nueva normalidad impuesta por el covid, al llegar al local de Senos de Puerto Rico, en Guaynabo, no había mucha gente esperando y me atendieron rapidito, primero la sonografía y luego la mamografia, los resultados tardarían 8 días laborables.
Dias mas tarde recibo la llamada del centro de estudios radiológicos donde me decían que me recomendaban una biopsia en el seno izquierdo, ya que habían unas calcificaciones a las que debía darle seguimiento. La cita era el 16 de noviembre.
El día de la biopsia debía ir acompañada, pero por los protocolos del Covid mi acompañante no estaría presente en el área pero sí mantenerse cerca. Llegué, me explicaron el procedimiento y los protocolos, Kerwin me acompañó hasta la oficina y luego esperó que el procedimiento terminara.