Cuantas cosas pasan por tu mente en estos momentos, saber que tienes una gran familia que te quiere y apoya siempre, es un alivio , pero como decirles esta situación tan difícil, no es una tarea sencilla.
A este punto solo mi esposo y yo sabíamos lo que estaba pasando, no queríamos, hablarlo con nadie hasta tener toda la información completa, hasta no tener un plan de acción, y ante la necesidad de tener que visitar un oncólogo, ya no podíamos quedarnos con la información, ya era el momento de avisarles a la familia.
La primera persona en decirle fue mi hermana, somos muy unidas y no hubo necesidad de muchas palabras, ya ella se lo imaginaba. Por la gran cantidad de estudios que me estaban indicando.
Decirle a nuestros hermanos la situación tampoco fue muy fácil, no es una noticia grata de decir y cuesta mucho poder asimilarla.
No había dicho nada a mis hijos, es la época de los exámenes finales y principio de navidad, no quería agregarle mas estrés al momento, así que esperaremos que terminen los finales en dos semanas para decirles, mientras tanto seguían las citas medicas, las evaluaciones, los exámenes, laboratorios y pruebas.
Hasta un día, me llamaron de la oficina médica para confirmar la cita con el oncólogo. Este día tome la llamada frente a mi hija y cuando escuchó el nombre del doctor que estaba a confirmando la cita, su corazón se estremeció, reconoció el nombre, ya que era el papá de una de sus mejores amigas de la universidad y ella sabía muy bien que el señor es oncólogo, entonces me preguntó: por qué haces cita con un oncólogo? Hay algo por lo que deba preocuparme? Rápidamente le dije que no, que todo estaba bien, que era rutinario que cuando hay biopsias de seno es necesario que un oncólogo revise la patología para asegurarse que todo esta en orden. Me sentí culpable por no decirle en ese momento, pero ya solo faltaba un examen y entonces le podría decir con calma.
Y llegó ese día, era su último examen, y estaba feliz, recuerdo que brindamos con una cava porque por fin había terminado el semestre, luego de los primeros minutos de algarabía, nos sentamos, tenemos que hablar… llamamos por video a mi hijo que se encontraba fuera y les dijimos, con el corazón estrujado, pero con la mayor positividad, y claridad posible, los pusimos al tanto de la situación, con todos los detalles que teníamos. Era el momento de estar más unidos que nunca.
Que difícil tener que dar una noticia que sabemos causará dolor. Pero que mucha fuerza nos dan esas personas que al saberlo nos apoyan y nos pasan sus energía positiva. Recuerdo las veces que recibí noticias como esta y tuve que buscar la fuerza para no derrumbarme. Subestimamos la fuerza que tenemos al poner en las manos De Dios la vida, el dolor y el amor porque definitivamente solo no podemos.
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